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La hamaca el varon está sentado preferentemente en una superficie dura, no la cama, con las piernas flexionadas y se toma la parte posterior de sus rodillas.
De esta manera, recibe a la pareja que se hace penetrar acomodándose en el espacio que queda entre las piernas de él y su tronco.
El presiona con las rodillas el cuerpo de su compañera, la atrae hacia el suyo provocando el vaivén de ambos mientras, por ejemplo, le besa los pechos que están a la altura de su rostro.
Una sensación única que recuerda el tierno ir y venir de las hamacas de la infancia.
La carretilla al borde de la cama y con los antebrazos apoyados, la pareja se dispone a ser levantada de las piernas por el varon, quien de pie detrás de ella, la penetra sosteniéndola de los muslos.
El estímulo y el placer se concentran en los genitales de ambos, pero es el hombre quien lleva el ritmo atrayendo el cuerpo de ella hacia el suyo.
La variedad de movimientos y sensaciones que permite la postura es asombrosa: circulares, ascendentes y descendentes, con las piernas de ella más cerradas...
El trapecio el varon se sienta con las piernas abiertas y su pareja ya penetrada arriba de él.
Tomándola de las muñecas, ella se va relajando hacia atrás hasta caer por completo: debe estar súper relajada y entregada a la fuerza de su compañero que la atrae a su cuerpo con sus brazos provocando la embestida necesaria para el coito.
Es una postura complicada ya que requiere la liviandad de la mujer, bastante equilibrio de ambos y la fuerza y habilidad del hombre.
Ideal para cambiar la rutina y probar nuevas emociones...
El molde con las piernas juntas y recogidas para que presionen bien al pene, la pareja se tiende de costado y relaja su cabeza hacia atrás mientras él la penetra, por el ano excelente posición para sexo anal.
Los movimientos deben ser suaves y coordinados y la penetración lenta y profunda: ambos cuerpos se amoldan como dos piezas perfectas de un rompecabezas...
El molde es ideal para parejas que tienen problemas en alcanzar el orgasmo y/o gustan de causar la fricción del del punto g durante el coito: las piernas juntas logran este efecto tan placentero: aprovéchalo
El espejo de placer la pareja se acuesta de espaldas, boca arriba.
Levanta sus piernas y deja que él las sostenga arrodillado al final de su cuerpo y apoyando el otro brazo en el piso.
El hombre penetra, domina y posee el control.
La postura permite variar el sentido de la penetración y la apertura de las piernas.
Los rostros no pueden acercarse y las manos poco pueden hacer en esta posición, lo cual genera una ansiedad sumamente excitante: ambos cuerpos corren juntos la carrera para llegar al orgasmo y reflejan en el otro los más variados gestos de placer y lujuria.
La profunda esta es una posición de penetración total, de allí su nombre.
Con las piernas elevadas y abiertas, ella aguarda a que su compañero introduzca el pene en su ano para calzar sus piernas en los hombros de él, que apoyará sus manos para regular el movimiento.
A muchas mujeres puede parecerles complicada, incómoda o dolorosa la visualización de esta postura, pero vale la pena probarla porque ofrece la penetración absoluta y un contacto genital único: los testículos se posan suavemente entre los glúteos.
La dificultad para besarse y la distancia de los rostros pueden ser ampliamente excitantes para ambos.
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lunes, 15 de junio de 2009
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